Rectángulo de JuegoRDJ — ESPECIALRECTÁNGULO DE JUEGO← VOLVER AL ESPECIAL
Copa del Mundo Sub17

Emma Díaz, el aroma de una camiseta y los sueños de Comodoro que llegaron al Mundial

Foto principal de Emma Díaz, el aroma de una camiseta y los sueños de Comodoro que llegaron al Mundial
Auspiciá en RDJAuspiciá en RDJESPACIO PUBLICITARIO DISPONIBLE

En la intimidad de la sesión oficial de fotografías de FIFA, la futbolista comodorense volvió a encontrarse con la camiseta número 4 de la Selección Argentina. A miles de kilómetros de su casa, en Marruecos, una prenda celeste y blanca parece guardar los recuerdos de una infancia entre el viento comodorense, los gimnasios de barrio, los abrazos familiares y aquella niña que alguna vez soñó con ser futbolista. Este sábado, ante Alemania, comenzará una historia que también le pertenece a Comodoro Rivadavia.

Hay olores que tienen la capacidad de devolvernos a lugares de los que nunca se fueron fuimos del todo. El olor de una camiseta recién estrenada, la ropa limpia antes de salir a jugar, el césped húmedo de una cancha, el piso de un gimnasio o ese perfume familiar que permanece en la memoria incluso cuando miles de kilómetros nos separan de casa.

Para la comodorense Emma Díaz, el fútbol siempre estuvo relacionado con los sentidos. Con el ruido de una pelota, las voces que bajaban desde una tribuna, el viento de Comodoro Rivadavia y los abrazos de quienes la acompañaron desde que empezó a descubrir que detrás de ese juego había algo que podía convertirse en el sueño de su vida.

UN NUMERO, UN CAMINO

Este jueves, durante la sesión oficial de fotografías que FIFA organizó antes del comienzo de la Copa Mundial Femenina Sub-17 de Marruecos, la joven comodorense de 17 años volvió a encontrarse con una camiseta que ya forma parte de su historia.

La utilería de la Selección Argentina había preparado la indumentaria para las futbolistas. Entre las prendas celestes y blancas estaba la suya, con el número 4, el mismo que había llevado durante el Sudamericano de Paraguay, cuando la Argentina consiguió una clasificación mundialista sin antecedentes para la categoría. Pero esta vez era diferente.

Foto: FIFA
Foto: FIFA

No se trataba de preparar un partido continental, ni de una concentración en Ezeiza, ni de una convocatoria en la que todavía había que demostrar que merecía quedarse.

Era la camiseta de una Copa del Mundo.

Y en ese instante, al calzarse la prenda, todo lo vivido podía encontrar una dimensión diferente. Porque el fútbol tiene esa particularidad: a veces alcanza un color, una textura o un aroma para que los recuerdos recorran en segundos distancias que llevaron años de esfuerzo.

SONIDOS DE UNA CIUDAD, LA SUYA, A LA QUE NUNCA DEJÓ ATRÁS

Marruecos queda lejos de Comodoro Rivadavia. Muy lejos. Entre ambos lugares hay un océano, continentes diferentes, otros idiomas, paisajes y costumbres. Sin embargo, las distancias no siempre se miden en kilómetros. En la historia de Emma, la Patagonia sigue estando cerca.

Está en aquellos gimnasios donde acompañaba a su padre, Alejandro Díaz Paris, que había transitado las divisiones formativas de Huracán y mantenía su vínculo con el fútbol de salón. En el sonido seco de una pelota contra el parqué, en los gritos de un partido, en las charlas familiares después de cada jornada.

Foto: FFIA
Foto: FFIA

Está también en su mamá, en sus hermanos, en las primas que fueron parte fundamental de sus comienzos y en cada integrante de una familia que tuvo que aprender que acompañar un sueño también significaba aceptar las distancias.

Porque antes de Marruecos, antes de Boca y de la Selección Argentina, hubo una niña que probó otros deportes sin encontrar aquello que terminara de enamorarla.

Primero fue la natación. Después llegó el patín. Hasta que unas primas comenzaron a entrenar fútbol y Emma quiso acompañarlas.

EL INICIO DE UN SUEÑO

Era 2014 y Abrazo de Gol le abrió las puertas de un mundo que cambiaría su vida.

Allí aparecieron sus primeras compañeras, los profesores que comenzaron a enseñarle los secretos de la pelota y las primeras experiencias que después terminarían construyendo su personalidad.

Fue en esos espacios, muchas veces alejados de las grandes estructuras deportivas, donde empezó a formarse la jugadora que hoy representa a la Argentina.

Y también donde aprendió algo que ninguna fotografía oficial puede mostrar: que los sueños no empiezan cuando alguien nos entrega una camiseta importante, sino mucho antes, cuando encontramos personas dispuestas a ayudarnos a conseguirla.

LA NÚMERO 4 Y TODOS LOS QUE JUGARON CON ELLA

Una camiseta de fútbol puede llevar un nombre y un número. Pero también puede representar mucho más.

El 4 de Emma Díaz tiene algo de aquellas primeras tardes en Abrazo de Gol, de los partidos con Huracán y del breve recorrido por Ferrocarril del Estado, donde se entrenó antes de que apareciera una oportunidad que modificaría su futuro.

También tiene algo de febrero de 2024, cuando con apenas 14 años viajó a Buenos Aires para probarse en Boca.

Las dos consiguieron incorporarse a las divisiones formativas del club. Para Emma comenzó una etapa que iba mucho más allá del fútbol.

Fotografía de la noticia
Auspiciá en RDJAuspiciá en RDJESPACIO PUBLICITARIO DISPONIBLE

Tuvo que aprender a vivir lejos de su familia, convivir con otras exigencias, construir nuevos vínculos y entender que crecer también implicaba perderse momentos cotidianos con las personas que más quería.

Los cumpleaños, reuniones, pequeños acontecimientos familiares y esa sensación de estar lejos cuando uno quisiera estar cerca.

A veces, el sacrificio de un deportista no se encuentra solamente en los entrenamientos ni en las horas de preparación. También aparece en esos silencios que llegan después de cortar una llamada con casa. Sin embargo, Emma siguió adelante.

Con una personalidad reservada fuera de la cancha y un carácter firme cuando le toca defender, comenzó a construir su lugar en Boca. La lateral derecha que aprendió a jugar en espacios reducidos del fútbol de salón incorporó otras herramientas, creció en intensidad, mejoró su lectura del juego y empezó a despertar el interés de los seleccionados juveniles.

Hasta que llegó aquella primera convocatoria de 2025.

Después vendrían los entrenamientos en Ezeiza, el debut internacional frente a Uruguay y el Sudamericano de Paraguay.

Allí, el número 4 comenzó a acompañarla en una historia que ya no era solamente personal. De una camiseta que le quedaba enorme a la que hoy lleva su apellido.

Hay una fotografía de Emma cuando era pequeña que adquiere un valor especial en estos días.

En aquella imagen, tomada en Comodoro Rivadavia, aparece con una camiseta de la Selección Argentina que le quedaba enorme. El pantalón le caía casi hasta los tobillos y ella posaba como si estuviera imitando a esos futbolistas que veía por televisión.

Era un juego. Una fantasía infantil. Una manera de imaginarse protagonista de un mundo que parecía muy lejano.

Años después, durante el Sudamericano de Paraguay, volvió a posar con la camiseta argentina. Ya no era aquella nena que jugaba a representar al país: era una futbolista que había conseguido ganarse un lugar en la Selección.

Y este jueves, en Marruecos, llegó una tercera imagen.

Foto: FIFA
Foto: FIFA

Con sus compañeras, con las utileras, con las futbolistas que comparten su recorrido en Boca Juniors y con todo un plantel preparado para afrontar la primera Copa del Mundo femenina Sub-17 de la historia argentina.

Allí estuvo Emma, jugando con sus manos frente a la cámara, dejando aparecer esa sonrisa tímida que contrasta con la intensidad que muestra dentro de la cancha.

La misma chica. Otra geografía. Un sueño que ya no necesitaba ser imaginado. Y una camiseta número 4 que parecía unir aquellas tres fotografías a través del tiempo.

EL VIENTO DEL SUR Y UNA CIUDAD, EN UNA CAMISETA DE ARGENTINA

El sábado 17 de octubre, cuando la Selección Argentina enfrente a Alemania en su debut mundialista, comenzará una experiencia deportiva extraordinaria para Emma Díaz y para una generación que se ganó el derecho de representar al país en Marruecos.

Después llegarán Nueva Zelanda y el seleccionado anfitrión, en un grupo que pondrá a prueba el crecimiento del equipo dirigido por Christian Meloni.

Pero antes de que la pelota empiece a rodar, ya existe una victoria que merece ser contada.

Es la de aquella niña que encontró en el fútbol un lugar para ser feliz, la que creció entre los vientos patagónicos, aprendió a competir en los gimnasios de su ciudad y se animó a dejar su casa para perseguir algo que parecía demasiado grande.

Es también la de una ciudad que muchas veces observa cómo sus jóvenes deben marcharse para encontrar oportunidades, pero que sigue sintiendo como propias sus conquistas.

En Comodoro Rivadavia hay muchas niñas que hoy juegan al fútbol y que posiblemente todavía no alcanzan a imaginar hasta dónde puede llevarlas una pelota.

Emma les está mostrando un camino.

Por eso, aquella sesión de fotos de FIFA tuvo un significado que excede ampliamente lo deportivo.

Mientras las cámaras buscaban las mejores imágenes, mientras sus compañeras compartían sonrisas y el plantel argentino comenzaba a respirar el ambiente de una Copa del Mundo, la historia de la comodorense encontraba otro capítulo. Quizás el más importante hasta ahora.

Foto: FIFA
Foto: FIFA

Porque las camisetas pueden guardarse en un bolso, doblarse cuidadosamente o colgarse en un vestuario. Pero hay algo que nunca queda encerrado entre sus costuras: los recuerdos.

El olor de una infancia, la voz de un padre, el cariño de una madre, la compañía de los hermanos, las enseñanzas de los primeros profesores y ese viento del sur que parece acompañar a los comodorenses sin importar dónde estén.

Emma Díaz está en Marruecos. Lleva la camiseta número 4 de la Selección Argentina y está a las puertas de jugar su primer Mundial. Y aunque esté a miles de kilómetros de su casa, hay algo que ninguna distancia puede modificar. Debajo de esa camiseta celeste y blanca también late Comodoro Rivadavia.

Auspiciá en RDJAuspiciá en RDJESPACIO PUBLICITARIO DISPONIBLE
Auspiciá en RDJAuspiciá en RDJESPACIO PUBLICITARIO DISPONIBLE